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domingo, 24 de enero de 2010

Los inconvenientes de la verdad dolorosa

La opinión no necesita pruebas. El periodismo investigativo está obligado a mostrarlas, asunto complicado cuando no hay garantías para las fuentes, mientras los poderosos investigados combinan colectivamente elecciones con negocios, corrupción, crímenes y despojo.

En Colombia la información investigada está en las principales columnas de opinión y en los libros.

La opinión y los libros siguen siendo vistos en el mundo como altares de libertad, y por eso en este país se habían atrevido menos contra ellos. El juicio contra Alfredo Molano por una columna en El Espectador está llegando a su fin. Contexto para un fallo, por Constanza Vieira.

Lea el artículo completo haciendo click aquí

Del periodista Arturo Guerrero


Columnas al viento

Molano cometió la valentía de señalar un apellido. Puso el pecho descubierto a la jauría de abogados de unos notables concretos. Se dejó señalar como chivo expiatorio, se ofreció de redentor como Cristo, y está siendo crucificado. Uno de sus lectores dio en el clavo: "Molano se quedó corto en apellidos". Y pidió que "se repitan molanos por las cuatro esquinas de Colombia".

El columnista acusado es una leyenda en tanto narrador del país profundo, de sus selvas, ríos y trochas. Es probable, así, que pueda allegar pruebas de sus afirmaciones ante los jueces. Lo que es dudoso es que esas pruebas sean científicas y capaces de derrotar el leguleyismo con que se maneja este país santanderista.

Haga click para leer la columna de Arturo Guerrero, publicada en el diario El Colombiano el 27 de enero de 2010.

miércoles, 8 de julio de 2009

Miércoles, julio 15: Juicio histórico a la libertad de opinión en Colombia

El 15 de julio, un juez decidirá si el destacado sociólogo, escritor y periodista colombiano Alfredo Molano Bravo es culpable o no de injuria y calumnia.



En la audiencia pública del próximo miércoles, la Fiscalía expondrá inicialmente sus cargos.

Seguidamente intervendrá la defensa de Molano, apoyada en los argumentos del ex vicepresidente de Colombia Humberto de la Calle Lombana, del ex presidente de la Corte Constitucional y ex candidato presidencial de la izquierda Carlos Gaviria Díaz, del ex director del servicio de inteligencia civil (DAS por sus siglas) y columnista del diario El Espectador Ramiro Bejarano Guzmán y del poeta Juan Manuel Roca Vidales, Premio Nacional de Poesía, Premio José Lezama Lima otorgado por Casa de las Américas, de Cuba, y Premio Casa de América de Poesía Americana, de España.

También expondrán en defensa de Molano los peritos Adriana Camacho, experta en gramática, el lingüista Pablo García y el periodista Alberto Salcedo Ramos, quien este mes ganó el Premio Excelencia Periodística 2009, que otorga la Sociedad Interamericana de Prensa.

Lea más...

martes, 23 de septiembre de 2008

La opinión no necesita pruebas: Relator Especial de las Naciones Unidas para la Libertad de Opinión y Expresión

El guatemalteco Frank La Rue Lewi es, desde el 1 de agosto, Relator Especial de Naciones Unidas para la Libertad de Opinión y Expresión. Fue designado en sustitución del keniano Ambeyi Ligabo, quien cesó en el cargo al concluir su periodo de dos años.

De 56 años, La Rue fue nominado en 2004 al Premio Nobel de Paz por el Centro de Paz de Belfast, Irlanda del Norte. Es columnista del diario Prensa Libre de su país.

Para el Relator de la ONU, “el principio de la libertad de expresión es que no debe haber ninguna censura, ninguna forma de censura”. Los controles “deben ser personales y éticos, deben ser internos, no del Estado, no de mecanismos del Estado”, “autoaplicados”. El Estado, subraya, “únicamente debe garantizar la libertad total de expresión”.

En entrevista en Cartagena de Indias, este mes, con la corresponsal de Inter Press Service Constanza Vieira, La Rue respondió preguntas que competen en el caso contra Alfredo Molano.

Hay una tendencia mundial a descriminalizar la calumnia e injuria y volverla un delito civil.

Sí, y con sanción civil, y a aquietar los delitos de desacato, especialmente contra funcionarios públicos. Este es el balance más complicado. La libertad de expresión no debe tener cortapisas, especialmente en cuanto a la función pública. Uno puede o no calificar el desempeño de un funcionario sin que esto constituya ningún tipo de delito, ni el de desacato ni de calumnia e injuria. Lo importante, y esto es más bien el ámbito ético, que no le corresponde al estado controlarlo, es manejarse con los principios del respeto mutuo. Nadie debe limitar las opiniones de nadie, ni de los medios, pero también los medios deben ejercer un autocontrol en cuanto a la ética de sus planteamientos, en la forma de dirigirse a cualquier persona, a cualquier fenómeno o a cualquier situación.

¿La opinión necesita pruebas, en el caso de los columnistas?

No. En el caso de los columnistas, no. El columnista está expresando su opinión personal y su análisis personal. De hecho, la opinión nunca necesita pruebas. Esa es la diferencia entre ejercer la libertad de opinión y ejercer la verdad de un proceso. Los hechos que uno documenta en un proceso legal tienen que ser probados.

Usted como columnista, ¿qué autocontroles personales aplica?

Me esmero mucho – y esto lo digo a título personal- en la objetividad. Todos tenemos unos niveles de objetividad. Pero me esmero mucho en ser lo más objetivo posible. Y como en una columna uno lo que está dando es una opinión, lo expreso muy claramente. O sea, no estoy simplemente trasladando hechos, no estoy cubriendo un incidente. Sino, de los incidentes de la semana, estoy tratando de sacar conclusiones y recomendaciones. Por ejemplo en la última columna yo le hago una recomendación al presidente Colom. Él ha anunciado que va a aumentar el número de efectivos militares, yo le propongo que es más necesario aumentar el número de efectivos policiales. Porque de hecho tenemos una policía absurdamente pequeña y débil frente al fenómeno de la violencia en el país. Y para la seguridad ciudadana, los calificados a hacerlo son las fuerzas civiles y no las fuerzas militares.

Localmente, en Colombia, los periodistas están un poco contra las cuerdas porque son demandados por calumnia e injuria no por funcionarios del Estado, pero sí por personas que ostentan mucho poder: pueden ser narcotraficantes o políticos. Hay en Colombia periodistas demandados penalmente por calumnia e injuria y periodistas llamados por la fiscalía como testigos, a rendir su testimonio acerca de declaraciones de las fuentes.

El periodista tiene, y esto también es un principio básico de la libertad de prensa, el privilegio de mantener la confidencialidad de sus fuentes. Eso sí es un principio. Al periodista lo puede citar la Fiscalía perfectamente, pero el o la periodista tiene también la potestad de decir que guarda la confidencialidad de sus fuentes. Si desea dar testimonio sobre algo que observó personalmente, lo puede hacer y es un aporte a la justicia, pero no necesariamente debe revelar sus fuentes y su información. Es como si llamaran al cura y le pidieran que revelara sus secretos de confesión. En un proceso penal a nadie se le ocurriría, y con la prensa tampoco habría que hacerlo.

En el delito de calumnia e injuria, en mi país por lo menos, una forma de resolverlo es demostrar que lo que uno dijo es cierto. Si lo que se expresa es una opinión, no hay por qué probarlo. La calumnia e injuria están vinculadas siempre a hechos delictivos. Si lo que plantea es que la otra persona cometió un delito, simple, es probar que ese delito se dio. En cuanto a las opiniones personales que uno pueda tener, sobre una gestión equivocada, ineficiente o una mala acción, en eso no debería haber límites y no debería constituir ningún delito.

El dilema al que se enfrentan algunos columnistas, específicamente en Colombia, es que no hay pruebas porque no ha existido investigación judicial, debido a una historia larga de impunidad. Y los testigos, localmente, no se atreven a testificar ante los juzgados.

Lo que tú planteas es la historia de toda América Latina. La impunidad tiene que ver con la historia de América Latina. Y sí yo creo que la libertad de expresión va muy vinculada al tema de la justicia, porque entre más justicia, más reglas de juego claras hay, y más libertad de expresión. No están directamente vinculadas, pero sí son parte del mismo fenómeno democrático. Creo que la impunidad es la que ha generado los grandes niveles de corrupción de nuestros regímenes. No hablo de ninguno en particular, sino de la historia de América Latina. Pero erradicar la impunidad es tal vez la prioridad más grande que tenemos en el continente.

Para leer más apartes de la entrevista, pulse aquí.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Del periodista Antonio Caballero

Empapelamiento judicial


"Molano no ha querido retractarse. Es el gran cronista de este país arrasado por las tropelías de los notables locales.

"¿Por qué, cuando García Márquez escribió Los funerales de la Mama Grande, no lo demandaron por calumnia e injuria los notables de la Costa Caribe?", escribió el 16 de agosto en su columna de la revista Semana el periodista Antonio Caballero, para quien la demandada Araújos el Al, escrita por Alfredo Molano en El Espectador, no es más que "una columna, digamos, costumbrista".

Lea el texto completo de Empapelamiento judicial, de Antonio Caballero, quien fue demandado en España por el Real Colegio de Odontólogos de Madrid. La asociación le exigió probar esta afirmación suya: "es verdad sabida que los dentistas no tienen corazón".

lunes, 11 de agosto de 2008

El gatillo del arma de la inteligencia humana, la única arma que uno debería disparar

El periodista colombiano Javier Darío Restrepo sobre el columnista de opinión, en el Consultorio Ético de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano

El columnista promueve el debate de ideas después de haber hecho su propia digestión de los hechos y de las opiniones. No aspira a ser la última palabra sobre los temas que maneja, pero sí a motivar a los lectores para que digan muchas palabras sobre el asunto de su columna. En este sentido es un provocador.

De los textos que existen sobre el tema se pueden extraer estas conclusiones:

1. El columnista de opinión expresa, más que teorías, actitudes ante los hechos y ante otras opiniones.
2. Una columna refleja más que una simple impresión, pero menos que una prueba científica sobre algo.
3. En las columnas suelen encontrarse las expresiones de partes en controversia.
4. Por eso la columna suele estar a favor o en contra de algo.
5. En la columna quedan expresadas las conclusiones o los juicios de alguien sobre los temas del momento.
6. Una columna es la posición intermedia entre la certeza y la duda.

Es, como se ve, una honesta contribución al debate y un estímulo para el uso de la inteligencia en la solución de los asuntos públicos.
Anotaba el columnista del Washington Post, George F. Will, que lo que hizo de Van Gogh un genio fue su particular forma de ver los girasoles; lo que distingue a un buen columnista es su particular forma de ver el paisaje social.

Referencia Bibliográfica
¿De qué sirve un editorial o un artículo de opinión que no le abra un camino al lector, ya sea hacia otro nivel de conciencia, por el cual recobre una antigua confianza perdida, o hacia una posición que le permita encaminar en forma diferente su actividad individual?
Mucho de lo que escribí sobre los olvidados de la sociedad - desde los que no tienen hogar, los analfabetos, los hambrientos y los enfermos, hasta las víctimas de uno u otro poder económico,- intenta servir al lector de dos maneras fundamentales: informarle acerca de hechos para él desconocidos y plantearle que cualquier tipo de respuesta -personal, pública o lo que sea,- no deja de ser una opción a tener en cuenta. La cosa debe ser que cuando un lector llegue a la página editorial o a la abierta debe sentirse atraído y desafiado. Si eso ocurre, estoy firmemente convencido de estar apretando el gatillo del arma de la inteligencia humana, la única arma que uno debería disparar.
Colman Mc Carthy
En La Página Editorial de The Washington Post. Gernika, Ciudad de México, 1998, pág. 88-89